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sĂĄbado, 29 de agosto de 2026

ALICIA, LA MILAGROSA: HISTORIAS QUE EL CEMENTERIO DE LA HUAQUILLA GUARDA EN SILENCIO



Seguramente muchos en Huaral han escuchado hablar de Alicia

Una mujer que descansa en el cementerio de La Huaquilla y que, segĂșn cuentan quienes la visitan, se ha convertido en una “almita buena y milagrosa”.


Todos los dĂ­as llegan personas hasta su sepultura. Algunos le llevan flores, otros encienden velas y muchos se acercan para pedirle protecciĂłn, ayuda o simplemente agradecerle un favor concedido.


Pero… ¿quiĂ©n fue Alicia?


¿Realmente ocurren cosas extrañas alrededor de su tumba?


Hoy quiero contarles dos historias que me fueron narradas y que, hasta el dĂ­a de hoy, dejan una pregunta difĂ­cil de responder:


¿Casualidad… o algo mĂĄs?


🕯️ “ALICIA, PROTÉGEME Y AYÚDAME SIEMPRE”


Esta primera historia ocurrió hace aproximadamente diez años.


Una amiga estaba a punto de viajar a Italia. HabĂ­a invertido prĂĄcticamente todos sus ahorros en los trĂĄmites necesarios para poder llegar a Europa, con la esperanza de encontrar allĂ­ un mejor futuro para ella y, sobre todo, para su hijo.


Una prima suya le hablĂł entonces de una mujer enterrada en el cementerio de La Huaquilla.


—Dicen que es una almita milagrosa —le contĂł.


Yo ya había escuchado hablar de Alicia. Aunque siempre he sido algo escéptica con este tipo de historias, acepté acompañarlas.


Unos dĂ­as antes del viaje, las tres fuimos al cementerio.


Entramos y, antes de llegar a la Cruz Mayor, doblamos hacia la izquierda.


AhĂ­ estaba la tumba de Alicia.


Mis amigas habĂ­an llevado flores y velas. Mientras ellas rezaban en silencio, yo observaba las antiguas lĂĄpidas que nos rodeaban.


Pero hubo algo que llamĂł especialmente mi atenciĂłn.


La prima de mi amiga estaba arrodillada, rezando con mucha devociĂłn.


Y, para ser sincera, pensé:


“Caray… esta mujer, que tanto habla de los demĂĄs, ahora estĂĄ aquĂ­ rezando con tanta devociĂłn.”


No dije nada.


Después de unos minutos, nos despedimos.


Pero antes de marcharnos, la prima mirĂł hacia la tumba y dijo en voz alta:


—Ay, Alicia… protĂ©geme y ayĂșdame siempre.


Salimos las tres por aquella estrecha callecita del cementerio.


Y entonces ocurriĂł algo inesperado.


¡Un florero cayĂł desde lo alto!


PasĂł muy cerca de la cabeza de la mujer.


Por centĂ­metros no la golpeĂł.


El susto fue enorme.


Ella, pĂĄlida, mirĂł hacia la tumba y exclamĂł:


—¡Ay, Alicia! ¿Por quĂ© estĂĄs molesta conmigo?


Yo, todavĂ­a sorprendida, le respondĂ­:


—QuizĂĄs no estĂĄs siendo muy sincera…


Las tres miramos hacia arriba.


No entendĂ­amos cĂłmo aquel florero habĂ­a podido caer.


Y mucho menos por qué había ocurrido justamente cuando ella pasaba por allí.


No encontramos una explicaciĂłn.


Mi amiga finalmente viajĂł a Italia.


Hoy vive allĂĄ.


Otros familiares intentaron hacer el mismo viaje, pero no pudieron ingresar.


Entonces queda la pregunta:


¿Fue Alicia quien la ayudĂł?


¿Fue simplemente una coincidencia?


¿O aquella mujer realmente sintiĂł que algo o alguien la estaba protegiendo?


TĂș, ¿quĂ© crees?


---


đŸ‘» DOS NIÑOS DESPUÉS DE LA MEDIANOCHE


Pero la historia de Alicia no es la Ășnica que ha quedado en la memoria de quienes conocen La Huaquilla.


Esta segunda historia ocurrió una noche, hace varios años.


Era tarde.


Pasada la medianoche.


Un hombre caminaba apresurado porque querĂ­a llegar a casa.


Le faltaban apenas unas cuadras.


Pero habĂ­a un problema:


tenĂ­a que pasar frente al cementerio de La Huaquilla.


La calle estaba oscura y silenciosa.


HabĂ­a escuchado muchas historias sobre aquel lugar y, aunque intentaba convencerse de que nada de eso era real, sentĂ­a cĂłmo se le erizaba la piel.


Mientras caminaba, se repetĂ­a mentalmente:


“No existen… no existen… los espĂ­ritus no existen. Todo es imaginaciĂłn.”


Y siguiĂł avanzando.


Finalmente cruzĂł el cementerio.


RespirĂł aliviado.


—Ufff… por fin —pensĂł.


Pero apenas avanzĂł unos metros…


los vio.


Dos niños estaban sentados en la vereda.


Jugaban tranquilamente.


A esas horas de la noche.


Solos.


El hombre se quedĂł sorprendido.


—¿QuĂ© hacen estos niños aquĂ­ a esta hora?


Se acercĂł un poco.


Los observĂł.


Uno tendría unos diez años.


El otro, aproximadamente siete.


Ambos tenĂ­an el cabello claro y lacio.


Pero había algo extraño.


No hablaban.


Solo lo miraban.


Sus ojos eran profundos y tristes.


Como si quisieran decirle algo.


Pero permanecieron completamente en silencio.


El hombre decidiĂł continuar.


“Bueno… seguramente viven por aquĂ­. Ya pasarĂĄn a su casa”, pensĂł.


Y siguiĂł caminando.


Al dĂ­a siguiente…


La escena todavĂ­a rondaba por su cabeza.


Esa mañana acompañó a su abuela al mercado y decidió contarle lo ocurrido.


—Abuela, anoche vi a dos niños sentados en la vereda, muy tarde. Estaban jugando solos.


La mujer se detuvo.


—¿Dos niños?


—SĂ­.


—¿CĂłmo eran?


Él los describió.


Entonces su abuela lo mirĂł seriamente.


—Hijo… los niños que viste murieron atropellados en esa esquina.


El hombre quedĂł en silencio.


—¿QuĂ©?


—SĂ­. Murieron hace muchos años… como treinta años atrĂĄs. TĂș ni siquiera habĂ­as nacido.


La abuela continuĂł:


—Pobrecitos… quizĂĄ estĂĄn pidiendo una misa. Hay que rezar por sus almitas. Seguro todavĂ­a no descansan.


El hombre no supo qué responder.


Desde aquella noche, cada vez que pasa por ese lugar, recuerda aquellos dos pequeños sentados en la vereda.


Y una pregunta vuelve a su mente:


¿A quiĂ©n vio realmente aquella noche?


¿Dos niños que simplemente estaban jugando?


¿Una confusiĂłn producto del cansancio y la oscuridad?


¿O las almas de aquellos pequeños que, segĂșn su abuela, habĂ­an muerto en ese mismo lugar dĂ©cadas atrĂĄs?


---


🌙 LA HUAQUILLA Y SUS MISTERIOS


QuizĂĄs todo tenga una explicaciĂłn lĂłgica.


Quizås algunas historias se transforman con el paso de los años y terminan convirtiéndose en leyendas.


O quizås existen lugares donde las historias de quienes partieron permanecen mucho tiempo después de su muerte.


Lo cierto es que La Huaquilla tiene sus propias historias.


Historias que pasan de generaciĂłn en generaciĂłn.


Historias de personas que aseguran haber visto, escuchado o sentido cosas que no pueden explicar.


Y entre todas ellas, hay un nombre que sigue apareciendo una y otra vez:


Alicia.


La mujer a quien muchos visitan.


La “almita buena”.


La milagrosa.


Pero ahora queremos conocer tu historia.


👇 ¿Has visitado la tumba de Alicia?


👇 ¿Te ha ocurrido algo extraño en el cementerio de La Huaquilla?


👇 ¿Conoces alguna historia que nadie se haya atrevido a contar?


Te leemos.

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